A mis doce años

A mis doce años más o menos me dice con su tono autoritario que lo caracterizaba: -

Cati, usted tiene que seguir el apellido

A lo cual contesté, que ni soñara que iba a seguir con esa profesión. Quiero ser una  mamá, dije Y lo fui, también peluquera, pero no como ellos con negocio instalado, sino con un número de clientes en casa como para ayudar a mi esposo enfermo, pero se cumplió el deseo del nono.

Nuestro hijo menor, Darío, lo instaló por mi vía de herencia, se siguió con el apellido.

Sabés por qué digo que se cumplió su voluntad, porque él escuchó sus anécdotas y  particularidades. Y es tanto lo que admira su personalidad, que al negocio, le puso su apellido y no solo eso, hizo poner un gran cartel con su foto y otros empleados caminando por la costa. O sea, que en su vida, y en su negocio o caminando por la costa, jamás su foto estuvo tan alta.

¿Casualidad?

Me parece que ya son muchas en mi vida,¿No?

Había escrito unas cuantas páginas de este y comprobé que había cometido muchos errores  de conceptos primordiales, para que ésta sea una verdadera comunicación contigo.

Rompí muchas páginas para esto, hoy comprendo que me ocurriría este acontecimiento  que también encuadro y valorizo como el más significativo mensaje de nuestro hijo fallecido:

Como ya te mencioné, la vida con un enfermo mental no es nada fácil y aunque uno  sea cuerdo, creo, también a veces desestabiliza y se olvida que su compañero no es par. Ahí se comete el peor error de hablar como tal, como en otras oportunidades, en un momento de sus caídas, esta vez se me fue la mano y le dije en un momento de furia, que lo amaba, eso era verdad, pero que nunca había sido feliz como mujer a su lado.

Estaba dispuesta a vivir con él, pero en compañerismo; que no encontraría más la  mujer en mí, pues estaba cansada de fingir.

El, por supuesto se puso peor, pero a los dos días de pronunciar esta determinación irrefutable, lo que me ocurrió me dejó perpleja.

Uno se conoce lo más que puede, hay en uno, hechos que lo hacen dudar, si los pudo  realizar o no, pero creo que a todos nos debe ocurrir, hechos que uno sabe que nunca cometería, por su propia conformación y su historia personal.

He conocido personas, no sé, si de mi religión, lo harán. Estas eran de otras, usan una  Biblia para llevar a su culto que mantienen con señaladores, pero usan otra a la cual, marcan con lapicera, en fin, la usan como elemento de estudio.

Me lo han mostrado, a lo cual yo no he hecho ningún comentario, ya te dije que no  me gusta criticar a nadie. Pero sí, pensé, cómo pueden!

He marcado muchos libros, pero mi Biblia, sé que jamás la marcaría, pues lo tomo, atención, es mi juicio, como una falta de respeto a la Palabra del Señor, y jamás la tomé en mis manos, en cuarenta y dos años que la tengo, sin lavármelas antes, la he señalado siempre con papelitos señaladores etc….pero  sé que jamás la marcaría.

Estoy segura de esto, con lápiz o lapicera alguna.

Como te anticipé en el comentario que me dejó perpleja, fue cuando al tomar la Biblia  buscando información necesaria para estos temas, la abro al azar, y veo señalado con  lapicera en el Cap. 5 de la Epístola a los Efesios, en el versículo 31 donde dice,

Y  serán los dos una sola carne.

Esto no es todo, también otras dos cruces, solo el título del Cap. 6. Deberes de los  hijos y de los padres, solo el título.

En ese mismo instante pensé que nuestro hijo me hizo ver que no nos quiere ver  desunidos, como te dije muchas casualidades.

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