Capítulo 9: Elevando tu espíritu

Stuart Wilde

El modo de eliminar el peso o angustia de tu vida rápidamente es empezar a disciplinar y controlar el ego. No hay dolor emocional que no sea dirigido por el ego.

No queremos eliminar el ego completamente. En ese caso, estaríamos vagando por casa cada mañana, bebiendo café durante horas, diciendo ¿Quién diablos soy yo?. Necesitamos el ego para sostener un sentido de identidad. Sin embargo, si empiezas a enfrentar los engaños del ego, y comprendes los juegos en los que te mete, puedes desarrollar estrategias para manejar mejor las cosas. No necesitas realmente ninguna calificación ni alto grado universitario para comprender la psicología de las maquinaciones del ego. Sus modos son predecibles y fáciles de entender.

Obsérvalo cuando te absorbe en su importancia. Prevé cuando busca más y más gratificación. Ignóralo cuando te ofrece un ciento de preguntas. Responde la mayoría de éstas haciéndole saber que no estás interesado en eso y que no te importa.  

Cuando experimentes frustración, busca la visión que es negada. Mira los marcos temporales en que has puesto tu visión. Desarrolla la paciencia. Si te ves como un Ser infinito, tienes toda la eternidad. Puedes esperar por siempre si fuera necesario.

Cuando te enfades, busca la pérdida. Cuando estés triste, busca también la perdida. La tristeza es sólo otra manifestación de la misma reacción. Está bien sentirse triste a veces. Tan sólo estate de acuerdo con cualquiera que sea la pérdida que te está entristeciendo; luego busca la frescura y la belleza y la fuerza de la vida. La felicidad regresa en un momento.

Recuerda, todo peso mental viene de la interacción entre dos o más fuerzas opuestas en tu mente: tu reacción a la circunstancia y tu opinión o deseo. Puedes arreglar la mayoría de las contradicciones controlando las circunstancias mejor y aprendiendo a no reaccionar cuando no te satisfacen. Si tienes menos resistencia, tus opiniones y deseos serán menos rígidos. Aprenderás a fluir a través de la vida más que a luchar en tu camino.

Aprender a aceptar las contradicciones de la vida es sólo un clic de la mente. Entrena tu mente para que sea menos dogmática ofreciéndole un montón de contradicciones auto impuestas. Tírate en el lago helado del realismo; no dejes que el ego juegue su juego de confortabilidad, garantías, y seguridad contigo. Deberías recordar siempre que tu garantía en la vida reside en el hecho de que no tienes ninguna. Eso debería precipitarte a la acción. Ignora la garantía, y sigue el viaje. Al final, tu energía, tu percepción y tu habilidad es todo lo que tienes. Eleva tu energía y ahí está tu garantía. Disciplínate y no dejes que pequeños disgustos emocionales se conviertan en grandes auto indulgencias teatrales que destruyan tu estabilidad. –Cambia todas las cosas que puedas cambiar fácilmente, acepta la mayoría de las que no puedas cambiar y apártate del resto.

Cambia tus opiniones, controla el ego, y la luz del espíritu fluye naturalmente de tu serenidad interior. Cuanto más equilibrada se vuelve tu vida, más la luz de Dios brilla a través de tu mente, sobrepasando el ego y mostrándote una belleza y percepción de la vida que la mayoría nunca ha visto.

La luz está siempre allí, justo detrás del velo de las oscilaciones del cerebro y del mundo de las opiniones, el intelecto y la rigidez. Un destello es suficiente. No hay palabras que puedan describir apropiadamente la magneficiencia de la incandescente Luz de Dios. En el interior es el puro aliento de la vida y de él fluye no sólo una sobrecogedora sensación  de amor y seguridad, sino un conocimiento sagrado que nos llama para ir más allá de todo lo terrestre. Enlazado con esa luz celestial hay un brillo diáfano, cuya suavidad fluye sobre ti más tiernamente que el toque más suave posible. Es a través de esta suavidad que el corazón humano es calmado. Toda la angustia y el miedo son suavemente dispersados en el arrebato de tal bondad, que sobrepasa y arrebata toda mente humana.

Domina al ego, llama al espíritu a tu interior con tanta humildad y confianza como puedas reunir, y deja que sea tu guía y tu sanador. Deja que su gracia se esparza a través de tu vida.

Sí. E imagina a este corazón a menudo asustado y cansado, con todos sus miedos disueltos, con toda la angustia volviendo al fantasma del tiempo. Sí, y mira a ese mismo corazón, frágil en su belleza, diligente en su tarea, latiendo tranquilamente en el pecho humano,  destinado a un fallo final, firme, como un soldado, trabajando en toda circunstancia, proveyendo alimento amorosamente a todo el organismo, en silencio.

Sí, y en ese mismo corazón, sumiso y trabajador como es en su deber, hay espacio incluso para una mayor expansión y más obligaciones. Pide, busca y reclama que se le den.

¿Qué deber pedimos?

El deber de llevar una chispa de la fuerza divina dentro de nosotros. No sólo por beneficiar al organismo, sino por brillar, aunque sea ligeramente, pero brillar continuamente, para el beneficio de los demás. Así todos verán y recordarán, para evitar que la razón de todo sea olvidada en la vorágine del ego.

Sí, y si escuchamos tranquilamente, oiremos al corazón como si nos llamara desde su lugar oculto diciendo:

Dame la  luz para llevarla, hónrame con ese deber. Déjame ser el animal de carga y ofrecer la enormidad de esa incandescencia a mis hermanos y hermanas. Déjame brillar para aquietar los miedos de nuestra gente, elevándoles e inspirándoles, reforzándoles con momentáneos vislumbres de Luz Divina y de un mundo mejor.

Sí. Y esa luz divina indica el camino todo el tiempo. Cada resplandor recuerda silenciosamente, más allá de la pena y el dolor, más allá de la ilusión de nuestra inseguridad, resonando en la profundidad del abrazo de Dios.

Tal es la maravilla de esto que ningún mortal puede dejar de ser engullido por su majestuosidad. Su nobleza fluye como un arroyo de luz, unas veces dorada, otras violeta, a través del corazón humano, silenciando la mente, disolviendo las emociones en una sensación profunda. Puro amor. Amor eterno.

El corazón tranquilo, tan dulce, amable y lleno de compasión, se vuelve a su interior, buscando un lugar para descansar en esa luz violeta de eternidad. Ese deseo humilde, su gracia, su simplicidad, cuando se satisface, es como un suave beso, cuya bondad cae sobre ti con la suavidad de un copo de nieve que, imaginas, ha caído de la mismísima mano de Dios.
Sí, y, pregúntate de nuevo: ¿Qué es la vida sino una mera colección de experiencias? ¿Y qué eres tú sino una mera memoria de tus reacciones a esas experiencias? Aún mejor, para recordarlo bien, orgullosas y heroicas. Aparta las tontas miserias del ego que las empañan.

Acepta y regocíjate de que un regalo como éste te fuera ofrecido por Dios personalmente. El regalo de la Vida.

Acepta el espíritu en tu interior y deja que te sane. Luego transita las vidas de tu gente, enseñándoles el mismo proceso. Y, un día, algún día, puede que veas atrás, hacia tu planeta desde un gran lugar, y puede que sonrías. Para que puedas ver la bondad de todo ello, suavemente extendida, eon tras eon, hasta cubrir a toda nuestra gente.

Y recordarás que estabas aquí en los tempranos días, cuando el renacer de esa bondad fue lanzado por primera vez.

Sí, dirás,
Recuerdo mi vida. La recuerdo bien
Estuvo muy bien.


FIN DEL LIBRO

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REFLEXIÓN

Acepta y regocíjate de que un regalo como éste te fuera ofrecido por Dios personalmente. El regalo de la Vida.

Acepta el espíritu en tu interior y deja que te sane. Luego transita las vidas de tu gente, enseñándoles el mismo proceso. Y, un día, algún día, puede que veas atrás, hacia tu planeta desde un gran lugar, y puede que sonrías. Para que puedas ver la bondad de todo ello, suavemente extendida, eon tras eon, hasta cubrir a toda nuestra gente.

Traducido por Yarisa.

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