Capítulo 3: Emoción y deseo
Stuart Wilde
Cuando las ideas se reúnen en tu mente para formar una opinión, y cuando esa opinión consideras que es agradable y placentera, tu personalidad apoya esa opinión revistiéndola con emoción.
Usando la emoción, el ego toma una idea (opinión) y la hace especial, más real y más importante.
La emoción es la herramienta que utiliza la personalidad para darle credibilidad y valor a sus opiniones. Así es como la personalidad se siente importante. Así es también como la personalidad consigue lo que quiere. Puede empuñar la emoción como un bate de béisbol, manipulando a otros para que reaccionen a sus necesidades y deseos.
Aprendemos el truco desde pequeños. Un poco de teatro, una rabieta de mal genio, aullando a 120 decibelios en el medio del supermercado, funciona maravillosamente cuando queremos un helado. La emoción era el modo de hacer que los mayores nos hicieran caso.
Cuanto más insignificante se siente la gente, más buscan fortalecer su vulnerabilidad mediante el uso de la emoción. Se bañan en ella, hablando constantemente de sus emociones, haciéndose especiales.
También serán fascinados por las emociones de los demás, incrementando su necesidad, discutiendo constantemente asuntos emocionales, mirando shows emocionales en la televisión, viviendo en la emoción de los eventos locales y mundiales junto con las reacciones momentáneas que tienen en sus propias vidas. El proceso les hace sentir mejor provisionalmente.
Sin embargo, hay varias contrapartidas en el uso de la emoción de este modo. Digamos que ves un noticiario en la tele acerca de una guerra, y te crees la emoción de todo eso. Incluso si tu mente consciente sabe que no estás implicado, surge una contaminación inconsciente que te hace sentir menos seguro y más vulnerable. Mirar como reaccionan los demás a las situaciones que están fuera de control, te recuerda la posibilidad de tu propio colapso.
Aún más, cuanto más te permites a ti mismo estar fuera de equilibrio emocionalmente en tus propios asuntos, mayor se hace el contenido del ego. Cuando la personalidad tiene una gran parte de sí misma invertida emocionalmente en un asunto, cualquier contradicción de su posición se ve como un gran trauma personal o una gran amenaza.
La emoción eleva los asuntos del ego a la mayor importancia. Concede al ego el poder.
La demás gente reacciona a nuestras emociones, especialmente a las negativas. El ego cree que si los demás le consideran importante, eso le hará más especial, menos vulnerable, y por lo tanto, más seguro.
Cuanto más poder reúna el ego, más gente lo verá diferente, elevado por encima del rebaño, divino, y más allá del asunto central del hombre, que es la muerte. A veces el uso de la emoción no es más que la personalidad buscando evitar lo que ve como una muerte por insignificancia.
Usar la emoción, inicialmente, nos ayuda a sentirnos más seguros. Pero realmente, el colocarnos arriba nos hace experimentar una mayor inseguridad y una afrenta personal cuando las cosas se ponen feas.
Experimentando la vida, te formas gradualmente hábitos y estableces preferencias que se desarrollarán esperanzas y expectativas. Una esperanza o expectativa es, de hecho, una opinión; cuando vinculas opinión con emoción, generas deseo. Cuando la vida contradice tus deseos emocionalmente enraizados en profundidad, tiendes a tomártelo más personalmente que cuando una esperanza te es denegada.
Así es como el proceso funciona en la práctica. Comienzas con una vaga esperanza tal como me gustaría tener un día libre. A su alrededor comienzan a flotar ideas que respaldan esa esperanza. Tengo derecho a un día libre; he trabajado duro. Ahora, la personalidad selecciona de la memoria y razona argumentos que justifiquen su opinión y hagan correcta la idea. Sin embargo, la esperanza aún no tiene un peso real, está aún en proceso de desarrollar masa vía argumentos personales y diálogo interno. Así que para dotar a la idea de importancia real, tu personalidad empezará a implicarse a sí misma en la idea mediante el vínculo con la emoción.
El asunto del día libre comienza a convertirse en una parte vital de la afirmación propia de la personalidad.
Necesito un día libre. Estoy desesperado por tener un día libre. La vida me debe un día libre. Los demás tienen tiempo libre. Soy una buena persona, una persona importante; mi salud se resentirá si no tomo un día libre. Tener un día libre es justo y apropiado” Etc. etc.
Digamos que la realidad es que tienes un montón de obligaciones, y que las circunstancias no te permitirán darte el lujo de un día libre. En este punto, el ego estalla, tomándose el asunto muy personalmente.
Verá la negativa como una afrenta personal y un ataque a su integridad y estabilidad. Esto empezará a erosionar la sensación de seguridad del ego. El deseo incumplido se convierte en una afirmación de la falta de poder de la personalidad. La última pérdida de poder de la personalidad es la muerte. Así que el día libre en el trabajo es ahora subconscientemente un asunto de vida o muerte.
La personalidad comienza a emitir debilidad a través de su inseguridad, y su fuerza psicológica y metafísica se derrumba rápidamente. Del rico tapete de la vida fluyen circunstancias que confirman y sostienen la autopercibida debilidad.
El cuerpo físico reacciona a los mensajes generales de debilidad, y ahora sientes los comienzos de un espantoso resfriado nasal. El coche no arranca. Tu jefe te carga incluso con más trabajo; una factura que no puedes pagar se cuela en tu buzón. Ahora puedes sentirte realmente una víctima. Cientos de inseguridades se desencadenan en tu mente. La reacción natural es sentirse amenazado. Surge la ira. Hay que encontrar culpables. Alguien tiene que estar haciéndote esto. Emergen guerras interpersonales. ¡Es un zoo!
La emoción y el peso de todo el conjunto pueden quedarse contigo durante días o más, hasta que la personalidad experimenta una elevación o ganancia que le permita superar la situación y sentirse segura, que vale la pena y feliz. A todo este embrollo se le puede seguir la pista hacia atrás, hasta un pensamiento que tuviste el último jueves que decía: me encantaría tener un día libre.
Es maravilloso cómo funciona este sistema. Empezamos con una idea vaga; la respaldamos con razonamientos que nos confirmen la idea a nosotros mismos. Entonces la enlazamos con la emoción y nos volcamos en ella. Luego entramos en un absurdo juego de poder emocional, como si nos fuera la vida en ello, para intentar conseguir lo que queremos.
Cuando las circunstancias no nos creen, quedamos devastados.
Si el contenido emocional que vinculas con una idea es sostenido durante un periodo de tiempo, y si el deseo te es negado continuadamente, eso puede llevarte al anhelo. En términos metafísicos, anhelar es tener fuerte inclinación hacia una idea, tal vez una esperanza.
Como he dicho en mis otros libros, inclinarse emocionalmente hacia tus sueños realmente te aleja de ellos. La emoción de tu deseo crea un hueco metafísico entre tú y la condición o escenario que deseas, haciéndote más difícil que lo atraigas. El hueco se establece porque tu anhelo es una afirmación poderosa que establece categóricamente que No tengo esa cosa que estoy anhelando. Afirmando constantemente que no tienes lo que quieres, deterioras y sacas poder a lo que tienes. Y aún más, construyes con tu energía metafísica sutil un patrón, como una huella dactilar, que es discordante con la propia cosa que deseas.
Hay una consideración más: La cosa que deseas, fama, éxito, dinero, romance, lo que sea, generalmente vendrá a ti, en parte, a través de las acciones de los demás. Son nuestros compañeros humanos quienes ayudan a llevar a cabo tus deseos desde la nebulosa metafísica de las posibilidades a tu realidad inmediata, donde vas a disfrutarlos.
Suspirando por nuestros deseos no hacemos autoindulgentes. La autoindulgencia molesta a la gente. La detectan y se sienten como obligados. No les gusta la carga añadida de tu peso emocional cayéndoles encima. Les recuerda las veces que ellos necesitaban cosas y les eran negadas. Reaccionan sintiéndose los desposeídos, víctimas de tu indulgencia. Ellos te lo negarán, esperando controlarte o tener poder sobre ti. Haciendo eso esperan que salgas de lo que ven como tu opinión poco razonable.
Además, suspirar y anhelar puede llegar a ser obsesivo. La obsesión es una seria enfermedad del ego; crea peso emocional, cegándote para ver las oportunidades que ya existen. También te vuelve apático. Afirmando constantemente que no tienes lo que deseas, el cuerpo empieza a creer que no tiene lo que necesita. Eso lo debilita. Anhelando continuamente, el ego finalmente entra en un vacío estancado, y la falta de energía gradualmente devora el cuerpo. Si la condición persiste, finalmente te matará.
No anheles, actúa. Tómate 15 minutos diarios para visualizar, como si estuviera dada, la condición o circunstancia que deseas. Crea un escenario mental, mírate con el objeto de tu deseo. Conviértete en parte de él, deja que sea parte de ti. Permítele ser tú. Entonces levántate y ve a hacer algo que te mueva hacia tu sueño; algo poderoso y positivo.
Recuerda, tú tienes que ir hacia tu sueño. Es muy improbable que, sin ayuda, tu sueño te encuentre. No es imposible, pero pudiera ser que tuvieras que esperar largo tiempo, tal vez por siempre.
A propósito, si quieres incrementar la intensidad de tus visualizaciones y tus meditaciones, lee el capítulo Turbo-pensamiento de mi libro The Quickening. En él hablo de cómo usar el calor sexual de Kundalini para vincular tus visiones con el poder metafísico que es prácticamente imparable.
Por favor, date cuenta que, si el objeto de tu deseo es que otra persona debe actuar de cierto modo, trabájalo y visualízalo, pero recuerda que ellos tienen su propio patrón de destino y puede que no coincida con lo que deseas para ellos.
Si tu pudieras esperar, soñar y querer cosas sin envolver esas ideas con la emoción, serías muy feliz. No reaccionarías si la vida te hiciera esperar o si la vida te denegara algo completamente. Te sentirías uno y en equilibrio todo el tiempo. Es la emoción que introduces la que te hace triste y levanta contradicciones. Cuanto menos te implicas emocionalmente, menos dolor sufres.
REFLEXIÓN
No uses la emoción como una herramienta autoindulgente para llamar la atención o para parecer, tú o tus ideas, importante. En su lugar, actúa poderosamente y de modo preciso. Sé activo. Crea energía; deja que los demás te necesiten en vez de necesitarlos a ellos y actuar para ganar su aprobación.
Stuart Wilde
Traducido por Yarisa
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