¿Hay vida después de la muerte?

¡SÍ!  Cati no escribe para que vos desees la muerte, sino para que ames la vida, que es maravillosa, y es la escuela, con sus lecciones duras y sus recreos ¿qué es la muerte para mí? La graduación mayor, el premio máximo.

Y si vos, te preguntás después de esto  ¿Qué sabe ésta que está tan viva como yo?

Si pensás eso, te explico. No soy diplomada en ninguna ciencia, ni vidente, ni mentalista, o algo parecido. Soy una mujer común, ¿mi única cátedra?: mi vida, mi criterio y la responsabilidad de cuanto digo solo se lo atribuyo a Cati.

¿Qué pruebas tengo que solo muere la carne y no lo que llamamos alma? Los mensajes de mis seres queridos, mi madre, mi hijo y también mi abuelo materno.

Ellos en su momento me respondieron que su alma estaba conmigo, no en imaginación, sino en hechos concretos, reales, palpables.

Mi madre era un ser especial como te conté, lo que no te dije, sobre las facetas de su carácter. Era inquieta, y le gustaba llamar la atención, y aunque su reuma la tenía inactiva, poco antes de morir, desde su silla me dijo “¡Cómo me gustaría que me filmen! así no se olvidan de mí” . No le dije nada, pero pensé qué amor a la vida, quiere vivir después de muerta.

Y así fue. Recuerdo cuando fuimos a arrojar sus cenizas al mar y un ramo de rosas como ofrenda, estaba el agua tan quieta que solo parecía un espejo en esa escollera.

Mi hijo menor Darío, arrojó las cenizas pues era el más apegado a ella, y el más dolido.

Eramos cinco en total aquel día. Cuando comenzamos a emprender el camino de regreso entre las piedras, surgió una ola que le calculamos unos cuatro a cinco metros.

Nos quedamos paralizados, quedamos dentro de ella. Sentí pánico, me pareció que éramos deportistas de surf, sólo nos faltaba la tabla.

Menos mal que una ola dura instantes. Sin hablar y muertos de miedo, nos tomamos de la mano y tuvimos prisa en subir a un lugar más seguro.
Allí arriba, mi hijo Mariano dijo

–¿Viste lo que nos hizo la abuela? ¿Nosotros la despedimos?,  no cabe duda, tu madre siempre tiene la última palabra

Esto causó que nuestro ánimo cambiara, principalmente Darío. Empapados, volvimos al auto, muertos de risa.

¿Te gustó el artículo? Compártelo:

También te puede interesar:

  1. Escúchame esta canción
  2. La vida no es blanca, ni negra, según las circunstancias
  3. Todo el exceso es malo
  4. Hablemos de los agregados
  5. Nuestra parte psíquica responde

Leave a Reply