Á… -¿Por qué sigues creyendo, qué este, es positivo?
¿Por qué?, sí aún no te has cruzado con alguien curado con este tratamiento, igualmente lo sigues sugiriendo.
C… –Hijo, lo hemos hablado, son pocos, los que consiguen mi admiración, el doctor DEEPAK CHOPRA, es uno de ellos, simplemente le creo.
Á… –En los últimos tres meses, te has cruzado, con tres enfermos de cáncer.
Uno de ellos, ni te ha escuchado.
Otro, dijo que lo leería.
En el caso del tercero, has hablado con la esposa del mismo, Marta, quien agradeció la sugerencia y dijo, mi esposo no lo hará…esto de meditar.
¿Qué has hecho al respecto?
C… –Luego de hablar con la misma, regrese a casa…desalentada, pensando:
¿Cómo ayudar a este enfermo?
Pidiendo a “Dios”, una idea positiva.
La que obtuve, casi en forma inmediata.
Esa noche- sin dudarlo-, fui a casa de ellos, toque el timbre, Marta, se disponía a abrir la reja, a lo cual dije:
¡No lo hagas, lo que diré, no ha de llevar más de cinco minutos!
Pedro, no estará dispuesto a meditar, pero, tengo otra idea que puede ser positiva.
Además de ser, absolutamente inofensivo, ha de ser entretenido para los dos.
Pónganse a mirar fotografías.
Cada álbum que tengan desde niños.
Al menos dos veces por día durante media hora.
Eligiendo las horas, en que no han de ser interrumpidos.
De esta forma, tal vez, Pedro le quite energía a sus células invasoras.
Marta, con los ojos cargados de fe, dijo:
¡Lo haremos!
Regresé a casa pensando:
¿De dónde saqué yo esto?
Asimismo, transmití esta idea, a todo aquel con que me cruce.
Por supuesto, luego de escuchar la negativa a leer el libro: LA CURACIÓN CUÁNTICA.
Tomé conciencia, de que estaba impartiendo esperanzas.
¿Y por que no, realidades?
Á… – ¡Y aún no sabías de mi mensaje en este libro!
C… – ¡Ni soñaba con tu aparición!
Á… – ¿Quién crees que te ha soplado la idea de las fotografías?
C… -¿Eras vos hijo?
Á… – ¡Exactamente!, cuando se trata de la salud de estos enfermos, no podía esperar, que publiquemos este libro.
Para ellos, sería tarde.
Y “Dios”, me ha encomendado “esta misión”.
Algunos de ellos, han de ser fiel testimonio que mi teoría es positiva.
Por esa causa, estarás más segura al presentar este.
C… –Has dicho, que sería importante mi colaboración.
Desde que trabajamos juntos, no había hecho memoria de mis vivencias.
Hasta que recordé “el caso de tía Susana”.
Ella, fue atacada por esta enfermedad, en el cerebro.
Sólo vivió ocho meses.
Con su esposo Salvador, vivían en un departamento, con buenos vecinos (que ayudaban, lo que podían).
Contaban ampliamente, con ayuda de tía “Polonia”, la que colaboró (cuánto pudo), hasta encontrarse exhausta.
Al ir yo de visita, viendo la situación, ofrecí ayuda.
Sólo contaba con las mañanas, ya que de tarde trabajaba.
Al siguiente día, llego, dispuesta a cocinar lo que a ella le agrade.
Veo, al tío con lágrimas en sus ojos, traer el plato lleno, diciendo:
¿Viste Cati?
¡Ha comido sólo una cucharada!
Regresé a mi casa deprimida y a la vez pensando:
¡No eres “Dios”, para salvar a la tía!
¡Pero, cómo Cati que eres, hace lo que puedas!
Al día siguiente, llegue a su casa con la escudería armada.
¡Dispuesta a luchar por esa vida!
Sólo había leído un libro, sobre el poder que ejercen las convicciones en el accionar de las personas.
Un libro que trata, de “control mental”.
Que use- a mi modo-, para el caso.
Le pedí al tío que cocine, pues creí más necesario invertir el tiempo en mi trabajo.
El cual tenía planeado al salir de casa.
Lleve cartulina, fibras rojas, chinches…y ganas…muchas ganas.
Dispuse – tarareando-, en la mesa del comedor, las hojas de cartulina, eran seis, (creo).
En la primera hoja trace un cuadrado, casi al margen de la misma.
Dentro, seguí con otros, con espacio de un centímetro.
Hasta llegar al centro, donde sólo había un punto.
En fin, era esto, muy chillón.
Tomé las chinches, lo puse en el extremo de la puerta de su placard.
Frente a ella, diciéndole:
¡Estoy estudiando esta técnica!
¡Míralo, hasta el cansancio!
Regrese al comedor, continúe con otro, algo más pequeño.
El que puse, a continuación del anterior, diciendo lo mismo.
Y así, fui poniendo los restantes, cada vez más pequeños.
Cuando lleve el que sólo tenía un punto, y observándola distraídamente, tuve en cuenta en su mirada, que estaba asombradísima.
Ya que era ella, su única forma de expresión.





